DIA 6 Y ULTIMO: El fin de las emociones

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DIA 6 BAKERSFIELD – SAN FRANCISCO (366 millas)

Son las 7 de la mañana. Me he despertado yo solito. El agotamiento que llevo encima de mi maltrecha espalda me ha pasado factura y el sueño no ha sido reparador. Da igual. Me alivia descubrir la cortina y ver que la moto sigue entera. Me zampo lo que quedaba del paquete de galletas que habia comprado en Lone Pine y me marcho. Adios Bakersfield, hasta nunca.

Elijo una carretera que sobre el papel (o mejor dicho sobre el mapa) tiene muy buena pinta. Una vez que abandono Bakersfield, después de pasar por un extenso polígono e infinidad de semaforos, los cuales se ponían en rojo justo cuando los iba a pasar, me dirijo hacia la costa por la 58, hacia el emblemático
BIG SUR (lugar de descanso de Henry Miller) para recorrer la famosa Highway 1, deleite de miles de californianos y uno de los lugares que más espectativas habia despertado en mi.

La carretera hacia el Big Sur se me descubre pronto espectacular, con un trazado ll
eno de curvas nobles y divertidas, entre campo americano y lomas que lo circundan. Me tiro a degüello sobre cada revuelta, con la confianza de un hombre experimentado. Siento que la moto ya es mia. Disfruto mogollón con cada tumbada. Ya no tengo miedo. Son los momentos más felices, en cuanto a disfrute de asfalto se refiere.

Como el tiempo ya no apremia me paro muy a menudo para hacer fotos y disfrutar del entorno. A pesar de ser lunes, la carretera me parece muy transitada, en especial por BMWs. Más de uno, al verme parado en medio de la carretera sin hacer nada, simplemente observando, me levanta el pulgar como preguntando si todo está OK. Sí chaval, todo de maravilla, acabo de eliminar exceso de fluidos. Disfruto de la carretera, de la fauna y de la flora y me digo a mi mismo que aún queda lo mejor, el deseado Big Sur. El calor se hace insoportable. Solo son las 9 y media. Uff, lo que me espera.

Sobre las 11:30 llego a la entrada del Big Sur por la parte sur de la Hiway 1. Me dirijo hacia la mansión
Hearst Castle (lugar construido por el excéntrico millonario señor Hearst). El tiempo cambia de forma radical y del tortuoso calor que me ahogaba y me habia dejado sin agua pasamos a un frio casi glacial, aderezado con ventolera del pacífico. Aguanto cinco millas sin cubrevientos hasta que encuentro un recodo en la carretera que me permite parar. Más BMWs preguntándome si todo OK. No hijo no, me pelo de frio.

Opto por ponerme solamente el cubrevientos. Me arrepiento al minuto uno. El frío es agotador. Tirito durante 20 minutos, me digo que puedo aguantar hasta Hearst Castle. Finalmente, llego a destino. Me quedo entre aliviado y un poco decepcionado. El parking está lleno de turistas y me siento estafado. He llegado a una especie de recepción de turistas donde hay infinidad de puestos para vender cosas a turistas. La mansión se encuentra a 30 hora en bus. El tour cuesta una pasta. Yo no la tengo o mejor dicho no me la quiero gastar. Que le den morcilla al Hearst ese. Me limito a salir a la terraza y contemplar el mítico castillo desde la lejania. Un empleado de recepción se dirije a mi y me empieza a hablar como si fuera el amigo de toda la vida. Le digo que si a todo con la mejor cara que tengo a pesar de no enterarme ni una papa de lo que me dice. Hasta luego chaval.

El hambre aprieta, es la una, las galletas las tengo en las uñas de los pies y el olor a carne me solivianta. Así que decido darle gusto al gástrico y me arrodillo ante la horda turística. La carne del sr.Hearst sabe bien, pero nada que ver con la entraña con chimichurri del argentino “A la Piedra” de Sant Cugat del Vallés. Le pongo un seis de nota y me las piro a recorrer la 1.

Esta vez me pongo el polar rojo chillon por encima. Que le den a la estética motera. Aún así, el frio sigue en mi. No más de 5 minutos después, empiezo a ver Vista Points en el margen izquierdo de la calzada.
Miles de Rs pasan en sentido contrario. Muchas se paran en los Vista Points. La carretera es todavia recta pero a lo lejos veo columnas de acantilados. Ahí está el anhelado Big Sur! Decido parar en un Vista Point y me llevo una grata sorpresa. Una colonia de leones marinos, que no focas, está durmiendo la siesta en la playa. Lástima que no se pueda acceder a la playa. Tomo unas fotos, me pongo en medio de un grupo de turistas y les fastidio la foto de recuerdo, les pido perdón y me voy. Cuando llego al parking del Vista Point me encuentro que una grua está cargando una Harley. Me pregunto si en este país les hacen revisiones a los vehículos, porque no paro de ver gente tirada en los arcenes. Me pongo de mal rollo. Tendrá la Kawa la revisión hecha? Ummm

Entro en la zona de acantilados y empiezo a ver fotos exquisitas. Me paro en recodos pero la foto no me convence. La hora y la neblina que hay hacen que la foto sea insulsa, que no me llame. Me digo que no voy a parar más, que en las costas del Garraf o de la costa Brava hay escenarios parecidos. Me reinvento a mi mismo al cabo de media hora y descubro sitios espectaculares. Por fin me vuelvo a parar y decido que esa será la foto definitiva.

La carretera es revirada, extremadamente, y de un asfalto pésimo. Me dirimo entre observar el paisaje y disfrutar la carretera. El cansancio se pone enseguida de parte del señor paisaje y la señora carretera se ve menospreciada. La media es 35 millas por hora, siempre que no me encuentre al caraja de turno que está absorto con el paisaje y va a 20 millas por hora. Aún siendo lunes, hay bastante tráfico. Por lo general, los vehículos más lentos se retiran en los U-turn y dejan pasar a los más rápidos. Por lo general, no incluye a los conductores asiáticos. Éstos, son de otra pasta. La carretera es suya.

Paso el anecdótico pueblo Big Sur, cuatro casas contadas, una de las cuales es la biblioteca Henry Miller, y finalmente llego a un bar en el borde del acantilado llamado Nepente, que tiene bastante encanto. Decido darme un respiro y tomar algo en la terraza. El café está atestado de gente pero logro un sitio. Son las 3 pm. Me pido un café helado y descubro nuevas sensaciones que ebullen de mi ser. No estoy relajado, siento que el viaje ya ha acabado y que casi me sobra lo que estoy viviendo. Debe ser la extenuación. Eso, o que mi cerebro fundido no es capaz de procesar más sensaciones. El camarero me pregunta más de una vez si todo está bien. Y es que en los USA, los camareros viven básicamente de las propinas. Le digo que SIIIIII ene veces y le dejo la propina típica. El café me ha costado la módica cifra de 5 dolares con propina incluida. Qué ganga.

Sigo vía hacia Monterrey, el final del Big Sur. Antes debo pasar por el pueblo de
Carmel, el cual me habían recomendado visitar. Veo un mogollón de buenas fotografias pero no puedo con mi alma. Me voy arrastrando. Prácticamente, llevo el piloto automático puesto. Desde Nepente, el tráfico se ha intensificado y la caravana es perpétua. Llego a un mítico faro y le echo una de las últimas fotos a la nena. No estoy inspirado y la descarto. Hago dos o tres más, no sé si me convence el resultado. Da igual. Tengo que irme, quiero llegar ya a Frisco.

Llegamos la nena y yo a Carmel y la verdad es que me quedo conmovido por la belleza del pueblo. Pero el piloto automático no responde a mis órdenes y sigo recto sin pararme. Lo dicho, sin capacidad en el disco duro para seguir procesando. Acto seguido se abre la carretera hacia la bahía de Monterrey y el frio vuelve a golpearme. El frío y el viento que es aún más bellaco. Por unos segundos me planteo entrar en Monterrey, pero la idea no cuaja en mi mente. Soy un ser descarriado y apaleado y mi única meta en este momento es llegar cuanto antes a San Francisco.

Repostaje en ciudad cercana a Monterrey, en la bifurcación de la 101 y la 1. Estoy entre seguir por la 1 y disfrutar un poco de la carretera o coger la aburrida 101 y tirar millas hasta Frisco. Escojo la opción dos, no quiero seguir pasando frio. Transcurren las millas de forma anodina, haciendo bagaje del extraordinario viaje que he hecho. Casi no ha habido pérdidas (bueno, se lo tengo que consultar a mi cuenta corriente) y los momentos embriagadores han sido numerosos. Y sigo pensando y me descubro lleno de emoción, casi llorando, una lágrima no más, sintiéndome agradecido con mi pareja, que ha comprendido que necesitaba este viaje y no ha puesto ninguna pega, y a mis amigos, David y Sylvia, que en todo momento me han ayudado a poder realizarlo. Y siento que todas las emociones que he sentido, las tengo que compartir con la gente que me rodea y me propongo entonces escribir este diario. Y sobretodo ACABARLO.

Y llego así a San Francisco, después de 6 días en ruta y 3000 km despilfarrando gasolina y emociones, y esta vez el cielo de Frisco es limpio, ni rastro de esa niebla perpétua. Pero a cambio, el viento es frio y descorazonador. No sé como pueden aguantar esto en verano. Yo me borraba del padrón. Cuando llego a casa de David y Sylvia, no hay nadie, y ni corto ni perezoso me pego una ducha y me voy a al playa a tomar unas cuantas instantáneas más del famoso puente. Es mi última oportunidad de fotografiarlo sin nubes. O eso creia yo.

DIA 5: Angeles y Demonios

Día Anterior: DIA 4 Día cumbre

DIA 5 LAS VEGAS - BAKERSFIELD (406 millas)

El dia se presentaba más tranquilo que los cuatro anteriores. Por la ruta, casi todo por autopista, y porque mi maltrecha espalda me lo recomendaba a gritos. Así pues, a eso de las 7 me desperté y después de un soberano café americano y medio paquete de galletas que habia comprado cuatro dias atrás en Lone Pine, me monto en la moto y me marcho hacia Los Angeles por la 15. Tenía previsto haber visitado de nuevo el Red Rock Canyon al amanecer, pero de nuevo mi espalda emitió un voto negativo por la propuesta. La 15 transcurre por el gigantesco desierto de Mojave, así que técnicamente lo visito durante aproximadamente dos horas y media de espeso tráfico. Los cactus mojaveños, a pesar de su belleza, no levantan mi instinto fotográfico y sigo absorto durante todo el desierto en la consecución de un único objetivo: que la mujer con el toyota que llevo delante no me amargue la existencia. Y es que la mencionada mujer se empeña en destrozar mi elaborada teoría que todos los americanos conducen bien. La señora se mantiene durante horas por el carril izquierdo a la velocidad constante de 70 millas por hora y los vehículos más rápidos y voluminosos deciden sobrepasarla por mi carril, con el consiguiente vendaval y zarandeo de la jaca y el personaje que la conduce. Es decir, YO. Entrando en California, me encuentro con algo curioso. Una especie de peaje. Ostras! Pero no piden dinero estos tipos, si no que es simplemente una inspección de control de alimentos. Y es que no puedes introducir alimentos en California que no sean autóctonos. Con razón, los calcetines que llevan en la boca son diferentes en Arizona!!!

A la entrada de Barstow, ya en California, estoy reventado de la paliza y paro para repostar. El repostaje, en principio tiene un gran valor simbólico para mi. Durante el viaje he acabado el genial "Las uvas de la ira" de John Steinbeck, libro inspirador de mi odisea por el lejano oeste. Barstow, es una de las ciudades donde se desarrolla la tragedia. Gracias al gran calor reinante y la paliza que me ha pegado la del Toyota, sufro mi propia tragedia en modo "descomposición on". Se me olvida rápido la literatura y quiero salir de allí pitando. Lo siento John, otra vez será. Afortunadamente, me queda poca autopista y en pocas millas, unas 50 aproximadamente, tomo el desvio hacia la 2, la carretera que recorre Los Angeles National Forest. Justo antes de entrar un Hiway Patrol casi me pilla haciendo guarreridas, pero gracias al aviso de una Harley, salgo de mi apoplegía y me doy cuenta a tiempo. Ya en la 2, el paisaje cambia rápidamente al igual que el tiempo. Se hace el invierno de golpe. En una de las paradas para eliminar sobrantes líquidos, aprovecho y me fundo el paraviento. Se sube el puerto por una carretera sinuosa y bien asfaltada. Veo los primeros moteros con sus Rs, sobretodo Yamahas R6s y Hondas CBRs. Me cruzo también con muchas BMWs (son bastante habituales las R1200GS) y Ducatis. Ahora el Team Rs gana por goleada a Harley's Band. De repente, veo un faro en forma de champiñón. Ostras una Kawasaki Versys, y azul. Le dedico con gran pasión unas Vssss al COMPAÑERO DE FATIGAS.

Sigo subiendo y disfrutando. Durante estos cinco días, me he hecho a la moto y pese a mi espalda disfruto el tramo (unas 90 millas de nada) con gran emoción. Llego al final del puerto y empiezo a bajar. El tráfico se hace abundante, cambia el clima y me achicharro al poco de ir detras de las cuatro latas. Por pereza o por pereza, no me quito el paraviento y pierdo una cantidad de agua considerable, en modo sudor. El descenso transcurre entre nuevas advertencias de moteros sobre patrullas de policia y el visionado de la espesa capa de "mierda" que sobrevuela el cielo de Los Angeles. Ay dios, si es peor que una Smoking Room!

En Los Angeles, me paro y me quito por fin el paravientos. Arrg, que corra un poco de aire por favor! Enfilo la Hiway que lleva a Holivú con la intención de visitar el famoso paseo de las estrellas. No sé porque pienso que está en la calle Sunset Boulevard. Por cuestión de falta de neuronas, me paso el desvío y acabo a una eternidad del lugar. Después de preguntar a 319 lugareños, llego a Pueblo, el barrio mexicano, en concreto a una plaza donde hay mercado. No me lo pienso dos veces y me paro y como lo que sería mi primera comida en cinco días. Ala! Y encima me pongo a hablar en castellano con todo dios. Que si qué cerveza es la mejor, que si donde esta el lavabo...

Una vez degustado el plato, menos mal que le dije que no tole
raba el picante que si no, realizo llamada internacional y un forero tiene a bien ayudarme con la callecita de los morros. Y la ganadora es HOLLYWOOD BOULEVARD. Se agradece Sensei. Recorro todo Sunset Boulevard y me doy cuenta de los contrastes tan extremos. Unas casas maravillosas al lado de verdaderas ruínas. Esto es America! De todos modos, lo poco que he visto me gusta. Hay esencia, hay ciudad, hay movida, no como en el resto de ciudades que he visto hasta ahora que me parecen verdaderamente frías. Finalmente, llego a Holliwood Boulevard y me quedo maravillado DE LO CUTRE QUE ES EL PASEO. Bueno, esto me pasa por desconfiado, porque ya me lo habían advertido.

Después
de la foto de rigor, sigo inmerso en el costumbrismo del turista típico y me digo, porqué no? Vamos a hacer la foto típica del letrerito de marras. Lo diviso enseguida en la colina y me dirijo hacia él. Veo carteles continuamente: ESTA CALLE NO LLEVA AL LETRERO. Que narices, no me lo creo! Sigo subiendo y por fin me doy cuenta que no, que está cortado. Vaya. De todos modos transcurro por una calle muy transitada y cada medio segundo se para un coche, bajan cuatro fanáticos de las fotos y le hacen una al letrerito. Me miro, entierro mi decencia donde nadie más pueda verla y saco la cámara. Esta vez, solo será en digital. Lo siento nena.

Son casi las cinco de la tarde y mi deseo de visitar otras zonas nobles de LA se han desvanecido junto con mi decencia. Estoy molido. Me voy para Bakersfield ya casi me quedan dos horas de trayecto. Después de cagarla de nuevo con la autopista que debía coger, deshago el entuerto antes de que cunda el pánico y llego a Bakersfield, después de haber realizado casi 450 millas.

Después del check in y del baño reparador el objetivo primordial era encontrar una cervecita fresca, como no. Como contrapartida tuve que sentir el mal rollo del anochecer en una barriada de Bakersfield. Ya no dormiría tranquilo recordando el consejo navajo:

"deja la moto aparcada en la entrada, por si acaso"

DIA 4: Dia cumbre

Dia anterior: DIA 3 Gran Canyon y Monument Valley

DIA 4 KAYENTA - LAS VEGAS (581 MILLAS)

Me despierto a las 06:00 am (hora real) con una pelota en el estómago. El Navajo-Taco ha hecho su efecto. Aún así le vuelvo a dar alegria a mi estómago y desayuno a base de fruta. Le permito una concesión al sr.Colesterol y degusto junto a mi café un excelente Navajo-Mufin de Chocolote. EXXXXCELENT!

Vamos a por faena.

Por suerte la moto sigue intacta frente al hall, aunque le cuesta lo suyo arrancar. Cada día va a peor. Sin más dilaciones, me voy después de repostar que es una jornada maratoniana. La vuelta a Las Vegas la he planeado por la ruta más larga, pasando por
Glen Canyon, Dixie National Forest y Bryce Canyon. Todo territorio de Utah. A pesar de hacer 200 millas más, no quiero volver por el mismo camino.

Llego de nuevo a Monument Valley cuando el sol ya esta bastante alto, pese a ser solo las 07:00 am. Esta vez me toca verlo desde el lado de Utah y aunque el día anterior había hecho bastantes fotos, la gran luz del momento y la nueva perspectiva me obligan a parar y a desenfundar las dos nenas. TOMA SHOTS!

Sigo ruta y cruzo el primer pueblo en el que se supone que debo coger un desvío. Mi memoria se muestra reacia a ayudarme y pienso que la he vuelto a cagar. Finalmente, decido parar antes que el estropicio sea mayor. Según el mapa, me faltan tres millas. Sigo adelante y encuentro finalmente el desvío y enfilo una carretera que parece ir hacia ninguna parte. Bueno, sí, hacia una especie de muro de 1000 metros. No me cruzo con ningún tipo de vehículo y solamente veo letreros que aconsejan a los camiones que lleven carga que den la vuelta. No entiendo, pero seguro que no es nada bueno. Conforme me acerco, pienso que la carretera se abrirá hacia la derecha o hacia la izquierda en cualquier momento. Cuando llego al muro, la carretera se acaba y empieza Alp d'Huez pero en camino de cabras. LA CAGAMOS LUIS!

Bueno, me digo, vamos a probar esas ruedas de OFF road.

La pendiente es máxima y solo es ganada por mi canguelo. No hay guardarrail y a la tercera curva ya se percibe el precipicio. Y yo con estos pelos. El paisaje es espectacular, pero decido aparcarlo por momentos de mi retina. La Kawa se comporta de maravilla, menos mal. Me paro en un recodo en el que mi vértigo no sufre demasiado y decido sacar una foto para el recuerdo.

Orgulloso de no haber manchado mis calzoncillos, sigo camino hasta la cima, ahora ya más confiado. A pocos metros de la cima, hay un Vista Point en el que encuentro a una pareja en una Harley de las pesadas. Creo que estan valorando si bajar o retroceder. Que no os pase nada.

Completada la misión, me dirijo hacia Glen Canyon por una carretera solitaria disfrutando del paisaje, haciendo paradas constantes para fotografiar el maravilloso paisaje. La carretera se hace revirada cuando llego a Glen Canyon, siguiendo el rio sinuoso. El río está seco pero el paraje es de una extraordinaria belleza. No puedo ni imaginar que seria hacer rafting por sus
aguas turbulentas en mayo.

Después de un millar de paradas por disfrute o por necesidad fisiológica, llego a Hanksville sobre las 11:00 y soy recibido por numerosas banderitas americanas. Es el 4 de julio. Toca repostar. Cuando me paro en la gasolinera, pasa una nena americana a caballo con su banderita americana y se le cae a mis pies. La recojo y se la devuelvo. Oh maigot! Espero que no me pase nada! No, no hago foto del momento.

Una vez pasado el mal trago de la bandera, me bebo otro litro de agua y consulto el mapa. El calor ya es extremo y no memorizo debidamente el mapa. A las 20 millas de salir del pueblo, me arrepiento enormemente y debo consultar el mapa porque el desvío que debía tomar hacia el Dixie National Forest no llega. La escala del mapa tampoco es que me ayude mucho y se puede decir que técnicamente estoy perdido. Tampoco se puede decir que nadie me pueda ayudar porque estoy en medio de un desierto de montañas de sal de alucinantes colores. El dilema es volver al pueblo y preguntar o seguir hacia delante y enfrentar a la nubes de unos colores bastante oscuros que tengo justo enfrente. Me armo de tripas corazón y confío en mi instinto, tiro hacia delante rodando y sorteando milagrosamente las nubes tormentosas, a la espera de ese desvio para tomar la Hiway 12.

La carretera se vuelve de nuevo revirada, circulando paralelo a otra especie de cañón donde las paredes son como de barro. Increibles. Desisto de parar para hacer fotos dado el retraso que llevo y que no sé muy bien donde estoy. Llego a la entrada del parque nacional Capitan Reef y me paro. Consulto el mapa que hay en su centro de visitantes y observo que de ahí sale una carretera que bordea todo el parque y que es un "scenic drive". Me lo planteo el tiempo necesario para darme cuenta que la mitad del recorrido es por caminos recomendados para 4x4, unas 60 millas de nada. El mismo mapa me enseña que unas 15 millas hacia adelante se encuentra el desvío de la 12. Justo cuando reinicio mi marcha me pasa una Honda Transalp de color amarillo. La sigo ya que su ritmo es el idoneo para mi. Nuestro idilio dura hasta que me desvio por la 12 hacia el Dixie National Forest. Hasta pronto cumpa.

Hasta ese momento, la lluvia me habia respetado, pero es empezar a subir el puerto y se pone a llover. No me molesta. La carretera me ha engullido y ha acabado con mis temores de rodar en mojado. Me abstraigo tanto en el disfrute de cada curva tomada, del rugido del motor monocilindrico al reducir que no me doy cuenta que voy bastante al límite. El puerto es de una belleza descomunal, con dominio del verde respecto al marron arcilloso que he dejado atras. Qué contrastes.

El paraviento que me he enfundado para resguardarme de la fina lluvia y del frio está llegando a su límite y empiezo a sentirme calado. En una de las curvas, me retiene delante una gran camioneta con una moto de motocross en la parte posterior. Sin duda, el conductor oye el rugido y se aviene delicadamente a dejarme pasar, apartandose a un lado de la carretera. A las dos curvas de pasarlo, se abre una nube e impregna de una luz celestial el paisaje que tengo enfrente. Me quedo prendado ante la foto que hay delante de mi, pero el espejismo dura cinco segundos y cuando doy media vuelta para fotografiarlo, el momento se ha evadido. Que pena, era la foto del millón.

Llegando a la cumbre del puerto las nubes se despejan p
or momentos y el sol seca en 20 millas mi ropaje. Empieza un descenso vertiginoso, en que el paisaje de nuevo cambia de bosque verde a cañón árido, con la salvedad que la carretera transcurre por dos barrancos, uno a cada lado de la carretera. Y eso sin guardarrail. Me acojono vivo y hago caso absoluto a los letreros de 15 millas por hora. No tengo ni narices de pararme a hacer una foto. Pasado lo peor, disfruto durante muchas millas haciendo curvas interesantes de nuevo entre cañones.

Llego por fin a Bryce Canyon, uno de los puntos que quería visitar, pero el retraso que llevo acumulado y la tormenta que me cae encima me deja completamente mojado y desisto de pararme a recorrer esta hermosura. Otra vez será amor. Me dirijo hacia Saint George y me olvido del desvío que debo tomar. Menos mal que me doy cuenta y rectifico a tiempo porque si no me voy a Gran Canyon de nuevo. Casi ya me habia secado cuando a la altura de Kanab me cae otro chaparron. Ya de nuevo en Arizona, su sol me seca en 5 millas. Cuando llego a Saint George con el sol de las 04:00 pm y a tropecientos grados farenheit, me paro en una gasolinera. Una lugareña me ve con la chaqueta motera y empieza a chillar:

- Oh my god! What a warm with this jacket!

Señora, es lo que hay. Y lo que me queda por delante son 120 millas de aburrida autopista hasta Las Vegas. No hay un día que no vea una patrulla de policia parar a alguien por exceso de velocidad y hoy no es la excepción. Modero y llego a Las Vegas y hago el Check in en el motel sin incidencias. Me prometo a mi mismo que no voy a pisar un casino y eso hago. Por contra, me voy a buscar un par de cervezas a una gasolinera y descubro una zona muy degradada, con gente mal viviendo en verdaderas chabolas. El ambiente se enrarece y me coge el canguelo y me vuelvo rápidamente al hotel. Eso sí que era Las Vegas.

Al final, he hecho 630 millas y estoy reventado. Pero he disfrutado como un enano.

DIA 3: Gran Canyon y Monument Valley


DIA 3 KINGSMAN - KAYENTA (336 millas)

Me levanto a las 5 de la mañana. O eso creo. Cuando me levanto, me doy cuenta que todo el mundo está despierto. Que diablos pasa aquí! Ya ha amanecido! Umm, algo raro pasa. No le doy más importancia.

Hoy tengo otro día maratoniano. Visitar el Gran Canyon, contratar un vuelo en helicóptero y después llegar a Monument Valley (donde Forest Gump se paró después de tres años corriendo), ya en el estado de Utah. TELA!

Hago el equipaje, devuelvo la llave y me marcho rápido. A la jaca le cuesta despertarse. Le hacen falta un par de intentos para arrancar.

Hoy me he castigado sin "café"!

Escojo la ruta dificil, como no. Obviando la autopista, tomo la mítica ruta 66 (aquella que recorrían los peregrinos del Golden Rush desde Chicago hasta Santa Monica). Poco queda ya de ella, es una mera atracción turística. Poblados desérticos e historia ya derrumbada por el tiempo y la dejadez. La carretera no esta mal, pero me da el sol del amanecer en los ojos y debo conducir con una mano y tapar el sol con la otra. Que friki soy.

En Seringam, se acaba el trozo de la 66 y debo coger la autopista hacia Williams, para después enlazar con la carretera que va a Gran Canyon. Me distraigo contando los camiones que adelanto, casi rozando la ilegalidad. En Williams, hay tres salidas y decido tomar la segunda, en contra de lo que dice mi sentido común (la tercera, tonto). Estaba claro que no era ésta y ya en medio del pueblo, le pregunto a un personaje que esta esperando en una esquina cuál es la carretera para Gran Canyon. Su respuesta, o lo que entiendo de su lenguaje corporal, es que no tiene ni pajotera idea y la dirección que me marca es justo la contraria de la que debería tomar. Soy consciente de ello y le hago caso unos metros para no ofenderle. A los cien metros, doy la vuelta y le pregunto a un gasolinero, el cual me corrobora que debo tomar la Hiway de nuevo y tomar la salida 3. JA!

Después de una carretera bastante divertida y al cabo de una hora, llego al helipuerto de Cran Canyon y decido tirar la casa por la ventana y alquilar un vuelo que sobrevuela en helicóptero el Gran Canyon. Ni corto ni perezoso me pido el Front Seat y pago 50 dolares más (bay de feis). Me dejan subir la Oly, pero cuando ven la Hasselblad, se niegan en rotundo a que la suba. Cuestión de sobrepeso.

El vuelo me resulta harto aburrido y engañabobos. Lo suyo es un trekking o hacer rafting por las aguas del río Colorado (cuando haya, porque poca baja en esta epoca del año). Por los aurículares que llevo puestos, suena la explicación en castellano mexicano de la formación del cañón. 220 euros tirados por la ventana. Ala!

Después de subirme de nuevo a la jaca, vuelvo de nuevo a gozar con la carretera. Por fin una carretera revirada!!. El tiempo acompaña. De momento, el sol de Arizona no aprieta demasiado. Son las once. Coincido con un millar de moteros, casi todos ellos con Harleys. Y casi todos sin casco? Pasan de la poli?

Me dirijo ya hacia Monument Valley. Por toda la carretera que recorre paralela la South Rim (la grieta sur) hacia el este, hay multiples Vista Point (como les llaman aquí) para pararse y hacer la foto de rigor. Opto por pararme en el mítico Desert View Point, donde la vista es ACOJONANTE y a pesar del calor saco a mis dos otras nenas (la Olympus y la Hasselblad) y nos hacemos un orgasmo mutuo.



Toca recompensa. Saco una manzana, hija de Lone Pine, la cual ya esta tocada por el calor del interior de las maletas, y me la como eludiendo los posibles agentes externos no propios de la manzana. Estoy sentado en una de las pocas sombras que hay en el vista point. Se lo debo a mi amigo el pino de Arizona. Mientras me deleito con mi pocha manzana, se para justo enfrente de la jaca un personaje. La mira y me mira. La vuelve a mirar y me mira de nuevo. No puede aguantar más y me pregunta:

- Is it yours? (o algo parecido)
- Yes (respondo yo, o algo parecido)
- Is air cooled or water cooled? (ay, ya la hemos liado)
- Is not mine, is a rental bike, (me animo) but I think is air cooled, but I'm not sure (mejor que me calle). I am from Spain (ya estamos listos!, y le cuento atropelladamente con mi inglishpitinglish macarrónico la odisea que estoy llevando a cabo)

Parece que me entiende y a raiz de eso el tio se envalentona y empieza a explicarme su vida. Me cuenta que tiene una biamdabelyiu (me costo lo mío pillarlo, oye, el calor!), que quería hacer un viaje parecido al mío, pero hasta Alaska (joder!!!) y no sé qué más cosas. La verdad es que era un tipo simpático, como el 99% de los americanos que he conocido. Conseguí adivinar que era de cerca de Chicago (obvio, vi la matrícula de su coche de Illinois) y tuvimos una charla amena. Sentíi como si él me entendiera y me admirara a la vez. La verdad es que me alegro el mediodía. Cuando subí de nuevo a la moto, lo hice con plena suficiencia y con una gran satisfaccion. Tuve durante un breve instante, una sonrisa de oreja a oreja, la cual me duró hasta que el casco empezó a apretarme de nuevo la frente. No hay descanso posible.

De bajada de la South Rim hacia Cameron, me pilla un chaparrón de 5 minutos, suficiente para que me quedara completamente calado. No corrió el pánico en ningun momento, porque el sol de Arizona calienta una cosa mala, y en diez minutos estaba completamente seco. La tranquilidad no podía ser completa. Miro por el retrovisor y un autocar baja a toda leche, encimándome continuamente. Voy sobrepasando el límite en casi 5 millas y no me despego de él! Recuerdo la peli aquella del camionero loco. Finalmente llegamos a Cameron, primer pueblo Navajo que me encuentro. Aunque llamarlo pueblo es casi un premio no merecido. Me sorprende que las trabajadoras de la gasolinera sean indias. Ostras tu, que prejuicios tengo! Además los indios que veo son enormes, por no llamarlos de otra manera. Que fueron de aquellos indios de las películas de John Wayne!

A partir de este momento y durante toda mi visita a la Navajo Land, no pararé de ver indios "enormes".

Me siento en una sombra y me como otro bocadillo preparado por mi. Me hubiera gustado degustarlo con una cervecita fresca, pero no hay cerveza en la gasolinera. Que raro! Mientras como, no paro de ver moteros y me saludo con ellos. Uno de ellos, que conduce una típica Harley con maletas integradas y banderita americana acoplada al colín, no me presta la más mínima atención cuando le hago el saludo. Bueno, oye la mía es una Kawa, y qué!

Después del refrigerio, me calzo de nuevo el casco, el cual he mojado previamente para hacer más llevadera la presión en la frente, y me marcho hacia Monument Valley. No paro de ver cañones por todo el recorrido, tierra árida y roja y barracas. Sí, barracas destartaladas, las cuales se suponen que son las residencias de estos afortunados navajos. Me da que no deben ser muy felices con el estilo de vida americano.

Finalmente, a eso de las 4 pm de mi reloj, llego a Kayenta y localizo el hotel. Sí, he dicho hotel. Y además, uno en condiciones! En la puerta coincido con la pareja que iba en la Harley de las banderitas. Él se me queda mirando y me dice algo. No lo pillo. Hace otro intento, pero yo estoy demasiado cansado para descifrar y no estoy por la labor. Me da por inútil. Hago el check in y en recepción me dicen que por razones de seguridad deje la moto enfrente del hall por la noche. No sé si lo he entendido muy bien. Aqui el calcetín en la boca es diferente al de California. Cuando salgo veo que el de la Harley esta aparcando la moto donde me han dicho. Vuelvo a hacer un intento de dialogar. Duro dos frases, las suficientes para confirmar que efectivamente debo aparcar la moto enfrente del hall.

Ya en la habitacion, me deleito casi una hora con un baño de los que hacen historia. Pienso descansar un poco antes de ir a Monument Valley a ver la puesta de sol, que está a unas 20 millas del hotel.

Tonto de mi!

En una de las ocasiones que salgo de la habitación a conectarme a internet, aprecio que es una hora más tarde que la que pone en mi reloj. He ido tan al este, que me he pasado una franja horaria. CAGONTO!

Lo compruebo en internet y sí, es cierto. De hecho, en Kingsman ya era una hora más tarde y por eso cuando me he levantado había tanta gente levantada. Eran las 7 y no las 6. No puedo ser más lerdo.

Me entra el estrés de golpe y la carrera de la Nascar que pensaba ver tirado en la cama de la habitación se va al garete. Pillo los trastos y me dirijo a Monument Valley. Antes intento preguntarle a la india del mostrador que me diga que carretera debo coger. No me aclaro. Paso de preguntarle más, parezco tonto. Abordo un nacional que está desprevenido en la salida. Como no me he puesto el calcetin en la boca, no entiende que quiere decir Monument Valley.

- Ah! Mioniument Vellei!!
- Yeahhh (lo que decia yo, no?)
- In the trafic lait turn left and follow the markers (o algo parecido)

Ahora me asaltaba una duda. Trafic lait? buff. Cuando llego al semáforo veo un letrero. Ah vale. Lo capto.

Tiro millas. El sol está descendiendo. Me estreso en demasiía. Casi sobrepaso los límites. Cuando estaba ya concentrado en no abandonar las 65 millas de velocidad de crucero, me topo de narices con una maravillosa formación. Veo la foto al instante y me digo, que le den morcilla al Mioniument ese. Saco las nenas, mido la luz, encuadro, enfoco, y un cuarto de hora después sale la foto que en mi humilde opinión es una de las mejores que he hecho en este viaje.

Ya satisfecho me dirijo a Miouniument Veillei o como se diga.

A pocas millas, ya puedo observar las majestuosas formaciones de arcilla que destacan por su poderio. Me adentro en la carretera que va hacia la reserva. Cómo? Tengo que pagar? No vale el pase anual de parques nacionales? Va a ser que no chato! Es un día nublado y valoro la luz que hay. La zona del interior tiene la luz de frente y por tanto es una tonteria que pague por hacer sombras chinescas. Me ha salido el ramalazo catalán. Estamos en tiempos de crisis, me digo.
Me conformo y me quedo delante de la entrada a esperar la puesta de sol. La vista es excelente. Hago mil y una fotos con la digital. La mayoria las borro. Estoy quisquilloso, solo llevo una targeta de 2 Gb y tiro en formato Raw, lo cual consume mucha memoria. No puedo contenerme y le hago una a la nena.

El sol va bajando y de repente alguien apaga la luz. Que pasó? Miro hacia el sol y una gran nube amenaza con enturbiarme el momento. Noooooooo! Mi única esperanza es un resquicio que queda entre la nube y el horizonte. Voy a tener una sola posibilidad. Cuando el sol empieza a emerger de nuevo de la nube, el monumento se tiñe de rojo. Me excito de golpe, me preparo el encuadre y mido la luz. Zaska. Ya está.

And the winner is:



Son momentos cumbre. El deleite es máximo y la soledad ayuda a activar mi paz interior. Me siento satisfecho de lo que he hecho hoy. Parece incluso que no estoy cansado, que podría coger la moto e irme al fin del mundo. Me asalta de nuevo la sensación de superhombre. Pero esta vez, no me pilla por sorpresa y la dejo de lado, admirando el paisaje que tengo frente a mi y ese anochecer que nunca olvidaré. Una vez más, me doy cuenta de la suerte que tengo y de nuevo me vuelve a embargar la emoción. Y casi lloro.

De vuelta al hotel, enfoco el espejo derecho hacia el anochecer maravilloso, para no perderme ningún detalle. Y así, recorro el camino de vuelta, esta vez sí, con una sonrisa que no se me borraría hasta llegar al hotel. Por eso, me voy a permitir celebrarlo y decido cenar en el hotel, con el objetivo último, como no, de tomarme una buena cerveza. Al abrir la carta, el maitre me comunica que no hay alcohol en el hotel (y por lo visto en toda la navajo land). Coitus interruptus! Ya puestos me decido por una sin alcóhol Kaliber y un Navajo taco que cuando me traen a la mesa me asusta por sus proporciones. Va a ser que a ahora entiendo lo de los medidas personales de cada especimen.

Al final, según el cuentaquilómetros he hecho 400 millas, lo cual no se corresponde con lo que decía el googlemaps. Ummm. Misterio que no pienso resolver esta noche.

Siguiente día: DIA 4 Día cumbre

DIA 2: Death Valley me pone a prueba


DIA 2 LONE PINE - KINGSMAN (325 millas)

Me levanto a las 6 de la mañana, asumiendo que ya voy tarde. Lo sé, las prisas no son nunca buenas consejeras, pero
Death Valley manda. Por algo, death quiere decir MUERTE. Y es que debido a las condiciones metereológicas tan severas (según la prevision rondarán los 50 grados) poca cosa viviente puede sobrevivir a esas condiciones.

Por tanto, me preparo un cafe (?? por decirlo de alguna manera) en la misma habitación mientras me ducho, y me marcho pitando. A partir de este momento, la ruta se convierte en una partida contrarreloj entre el sol y mi cuerpo sediento. En las primeras millas, aún con el alba, la temperatura es agradable, pero es un mero espejismo de lo que me encontraré más adelante. Me lo pienso mucho a la hora de parar a hacer una foto, ya que eso retrasará mi odisea y alargará mi penitencia. Las primeras 80 millas transcurren entre curvas cerradas observadas por los únicos seres vivientes, los cactus erectus, mientras me escurro el cerébro de cómo lo debían hacer los actores de esos westerns famosos rodados aquí, en este infierno. A las 8 am, el sol ya calienta de lo lindo y mis carnes ya empiezan a sufrir el calor extremo. La primera parada es para repostar, se hace en tiempo de formula 1. Al ver el cartel de que en unas 59 millas no hay mas surtidores me acongoja.

Conforme me dirijo al centro del infierno, dicese de la zona donde esta por debajo del nivel del mar y donde nada crece, me alivia el hecho de ver que unas nubes van a hacer mas llevadera mi travesía. De lleno en el nubarrón, me permito pararme a deleitarme del paisaje yermo y contemplar la osadía de vivir en este lugar. Porque sí, vive gente. Hay un poblado, Furnace Creek, en el mismo Death Valley, establecido en una especie de oasis. No acabo de entender muy bien como logran obtener agua.

En cualquier caso, seguro que este no sera el lugar favorito para mi retiro. He pasado la prueba, bueno, todavia no, pero ya ha pasado lo peor. Y por eso me permito sacar a mi querida Hasselblad en varias ocasiones para inmortalizar el momento de la osadía. Ahora me doy cuenta, que soy el tio más afortunado del mundo por poder estar aqui. Y es que las emociones fluyen como remolinos en mi interior, magnificadas por la situación limite que he superado. Soy un pajaro. Soy libre.

Sigo adelante devorando kilómetros, o en este caso millas, y a la salida del parque nacional, me encuentro con una, por decirlo de alguna manera, ciudad, Pahrum, donde reposto combustible y observo el comportamiento de la fauna autóctona. Grandes seres, que toman grandes brebajes y conducen grandes vehículos. Superado el shock, tomo la hiway hacia Las Vegas una vez he engullido la enésima botella del déa. Pasadas 60 millas, el hambre me aprieta y me paro en un recodo de la Hiway. Me zampo un bocadillo que me preparo allí mismo. Con un par.

Llegando a Las Vegas, topo de bruces con el Red Rock Canyon, y aunque no tenía en mi mente pararme a visitarlo, el espectáculo que observo hace que cambie de decisión. Y es que en la carretera, así son las cosas. El espectáculo es maravilloso y pese al calor que ya casi es fuego, disfruto como un enano de la visión. Y es que este hermano pequeño del Gran Canyon, no tiene nada que envidiarle a su hermano grande. Es coqueto, pero matón. El amanecer debe ser increible, y me lo planteo para cuando haga noche en Las Vegas. Ahora, el calor me avisa que debo moverme y me dirijo sin más dilación a Las Vegas, la ciudad del juego.

Una vez allí, entro por una gran avenida con semáforos, de unas 12 millas (???). Que pesadez, por dios. Me cansa una barbaridad, y menos mal que vuelve a estar nublado. Una lugareña, también hindú, se me pone en paralelo con su vehículo y me empieza a despotricar diciendo que sé yo! Finalmente, entiendo lo que dice:

- You signal! You signal!

Miro mi cuadro de mandos y veo consternado que llevo el intermitente puesto. Y que lo debia llevar puesto bastante rato. Y esta mujer, hindú ella, pues se creyo que yo iba a girar y estaba indignada porque no la hacía, asi que decidió hacermelo saber.

Me repongo del rapapolvo parando en la primera estación de servicio para repostar líquido elemento, en ambos motores, en el de la nena y en el mío. Finalmente, aunque el sopor y el bochorno me tiran para atras me meto de lleno en Las Vegas Boulevard y observo, con asco, el panorama degradante. Edificios esperpenticos, uno detrás de otro. A cual más obsceno. Tenía claro que no era el tipo de ciudad que me apasionaría, pero la bofetada ha sido tremenda. La nena, entendiendo mi reaccion, me apoya y se calienta también por el bochorno y por las continuas paradas del atasco de tráfico. Finalmente, paramos en el aparcamiento de un hotel, en una zona con rayas blancas oblícuas, y entro para darle una segunda oportunidad al entorno. Desde el primer momento, constato que no es mi sitio. La gente me mira y se da cuenta. Sienten que estoy perdido. Aborrezco todo lo que hay, los comercios, el casino, los bares, la gente. Me siento en un banco a descansar y a esperar a ver si pasa algo. No pasa nada y finalmente me despido de ese lugar, para mi demencial.

El jarro de agua fria sigue en el exterior cuando me acerco a la nena y veo que tengo un aviso de multa por aparcar en una zona indebida. PERO BUENO, esto no eran rayas para aparcar motos!! Se ve que no. Contengo mi cabreo, no quiero que enturbie el resto del día. Me monto en la jaca y me voy para mi destino Kingsman, puerta de entrada a la mitica ruta 66. La enervación que llevo dentro me despista y a pesar de haberme mirado el mapa, no recuerdo las salidas que debo tomar. Me equivoco y me dirijo por la 15 hacia Los Angeles. Antes que me dé cuenta ya he recorrido unas 15 millas. Y lo malo, es que no hay sálidas en 10 millas. El error me mata y me maldigo mil veces, gritándome e insultándome en el interior de mi casco martirizador. Localizo una salida, paro y, ahora sí, me estudio bien el mapa. Encuentro un atajo que tomo. Craso error. Me meto en una especie de avenida muy transitada y con grandes retenciones. También hay obras. Me aso en el atasco. Me vuelvo a maldecir. Finalmente, salgo de Las Vegas con un sabor amargo entre los dientes, pero liberado por alejarme.

La autopista que lleva a Kingsman, la 93, no es tal. Está en construccion. Otro punto negro. Todavía no he recorrido una carretera que no pusiera el maldito letrero de en construccion. Me retraso mínimo una hora. Para colmo, hay una especie de puente faraónico en construcción al paso de una presa, que es reclamo de turistas y todos los coches se paran para tomar una foto. Arrrgggg. Por fin, se acaban las obras y puedo estrujar la oreja. El famoso "Speed enhaced by aircraft" vuelve a contenerme. Ya llegando a Kingsman, me vuelvo a equivocar y salgo por la salida destinada al pesaje de camiones. PATAN!

Al llegar a Kingsman, ya anocheciendo, paro en una gasolinera para repostar. A la salida conincido con un paisano de dos ruedas. Se me queda mirando alucinado y me dice algo asi:

- Naissbaeik! (onomatopeya de Nice Bike! expresada con calcetin en la boca)

No lo pillo. Me lo repite y al final me doy cuenta que su jaca es tambien una Kawasaki KLR! Ja, tío, You too!

Finalizado el contacto con la fauna local, busco el motel que había reservado (Motel6) y lo encuentro a la primera. Eso pensaba. Resulta que hay otro a la salida del pueblo (el mío). Las indicaciones que me proporciona la encargada no son de mi agrado y le hago dibujar un mapa, después de preguntarle cuatro veces por el recorrido que debo tomar. Accede muy a su pesar y encarrilo mi última rodada del dia por la autopista que rodea a Kingsman. Cuando por fin llego a mi verdadero hogar, lo primero que hago, es buscar un market y me compro la birra de rigor, la cual me bebo tomándome un buen ba
ño reconfortante.

Al final han sido 375 millas y el trasero cuadrado de nuevo.

DIA 1: El inicio de la aventura


Me despierto con un constipado de la muerte y una tos que me desencaja. Como de costumbre, San Francisco nos deleita con una niebla perpetua y fo. Pero ni el frÍo ni esta tos van a frustar mi sueño de viajar por el Far West. Sylvia, mi anfitriona, me prepara un brebaje muy caliente de ron, limón y miel y me lo bebo de un tirón. Me sienta de maravilla. Ya soy otro hombre. Me enfundo una bufanda en el cuello y una camiseta manga corta, camiseta manga larga, polar, chaqueta motera y paravientos. En la parte inferior, dos pantalones. Y es que oye, estoy pachucho.

Ya estoy listo.

Ya en la calle, David, mi otro anfitrión y traductor oficial, me aconseja que vuelva a buscar el casco. Buena apreciación, chaval.

En la tienda de motos, nos recibe Andy, un cuarentón venido a cincuentón y con varias tallas de más. La Hayabussa aparcada enfrente de la tienda es suya. No le pega ni en pintura. Pero esto es AMERICA, doc! Formalizamos el contrato de alquiler: 688 dolares para su saca. Me muestra lo que será mi fiel compañera de viaje durante los siguientes seis días. Kawasaki KLR650, monocilíndrica, con tres maletas, paramanos y pantalla protectora algo escasa. Hola nena, encantado de conocerte.

Lleno las tres maletas con mis enseres esenciales para el viaje, que incluyen un poco de ropa y dos cámaras fotográficas, una réflex digital y una Hasselblad analógica. Y es que soy un pirado de la fotografía, que le voy a hacer.

Atiendo a las indicaciones que me da Andy sobre el funcionamiento de la moto y a quién me debo dirigir en caso de avería. Mi amigo David, hace las veces de traductor, menos mal. A partir de este momento, estoy solo ante el peligro.

Enciendo la nena, escucho su rugido celestial y me despido de David dándole un abrazo tipo oso. Empieza el derroche de emociones. Empieza la aventura.


DIA 1 SAN FRANCISCO - LONE PINE
(357 millas)


El plan era salir de San Francisco por el puente de Oakland y tomar la autopista hasta Manteca. De ahí, tomar la carretera que va a Yosemite (uno de los parques nacionales más visitados de EEUU), cruzar el parque por su carretera sinuosa hasta el Thioga Pass y enlazar, una vez acabado el parque, con la autopista que va hacia Lone Pine, población situada a los pies del Death Valley, uno de mis primeros retos.

No me hacía demasiada gracia hacer tanta autopista, y menos siendo las autopistas americanas, que son de lo más aburridas y que no puedes correr (a la que te pasas, te aparece un Hiway Patrol y te la enchufa). Pero no había otro remedio. California, y la zona de San Francisco están plagadas de autopistas que la recorren y pocas carreteras.

Este era el plan.

Enciendo la moto y me dirijo al cercano acceso al puente de Oakland que cruza la bahía. Los primeros minutos son un poco raros. Es una moto muy parecida a la que utilizo habitualmente (Kawasaki Versys 650), pero me resulta un tanto nerviosa. En el primer semáforo que me paro, me olvido que llevo maletas laterales y le doy un golpecito con la pierna derecha a una de ellas al arrancar. A 50 metros para entrar al acceso al puente de Oakland, un furgonetero me pita y me señala algo de la parte posterior de la moto. Giro el cuello y me doy cuenta que los anclajes de la maleta están sueltos y la maleta está suspendida en el aire. JODER!

Me paro en el arcén antes de entrar en el puente e intento arreglar lo inarreglable. Se han soltado los tornillos que estaban soldados al anclaje. Me da un apretón, y con el casco puesto maldigo a todas las personas malas que me ponen trabas. Acto seguido, me calmo y decido llamar por teléfono a mi colega. Para colmo no hay cobertura y debo espabilarme. Decido confiar en que mi instinto me guiará de nuevo hasta la tienda de motos.

Mi instinto se comporta como un campeón y ya de nuevo en la tienda, los empleados se percatan del "drama" y se dedican prestos a solucionarme el problema, aunque de una manera un tanto chapucera. Anyway, parece que la cosa funciona y me pongo un poco pelmazo y les "sugiero" que me refuercen también todos los anclajes de la maleta izquierda. Por si acaso. Contacto con David y le explico que ya está solucionado el problema. Me dice que mi cuota de mala suerte se ha acabado. En realidad, ha sido una suerte que haya pasado a 2 millas del taller.

Sin más percances, pero con la inseguridad en el cuerpo, me dirijo de nuevo hacia Oakland y de ahí a Manteca por "la autopista aburrida". Los primeros kilómetros de autopista no hacen si no confirmar la primera sensación que tuve al subirme a la moto. El viento se lanza fiero sobre mi y zarandea a la nena por todo el carril. Ufff, va a ser duro.

Aproximadamente 70 millas después, o lo que es lo mismo una hora de aburrida autopista, y después de haber visto numerosos carteles de advertencia de no sobrepasar el límite de velocidad (la frase "speed enhanced by aircraft" se me grabará en la memoria), desembarco de la autopista en Manteca, y voy derechito a la primera estación de servicio que me encuentro. Ninguna de las tres targetas me funciona en el surtidor automático y me sale un mensaje que dice "See the cashier". Ya empezamos.

Entro en la tienda e interactuo con el primer parroquiano. Bueno, o similar, es hindú.

Me dirijo a el en mi inglés macarrónico

- I want to fill the tank

Lo que me responde el parroquiano es una retahila de palabras con la entonación típica del oeste americano (como si tuviera un calcetín o un zapato metido dentro de la boca). Al final, logro entenderle y hacerme entender, no sin hacerle cambiar la cara un par de veces al hindú. Me dice que descuelgue el surtidor y que llene. Pero la cosa se complica. Meto el surtidor en el deposito y la presión de mi dedo sobre el gatillo no da ningún resultado. Se lo hago saber desde la distancia. Finalmente, harto, sale de su cubículo y me muestra como se introduce el líquido elemento en el depósito. Resulta que algunos surtidores tienen una especie de cubierta de caucho de seguridad que si no presionas el surtidor sobre el tanque, no hace el vacio y no dispensa gasolina. Vaya.

Una vez llenado el depósito, sin más peripecias que contar, y desprendidas las 4 capas de ropa que llevaba encima (me quedo sólo con dos y la bufanda) tomo la carretera hacia Yosemite. Muy recta, sin grandes alicientes ni grandes paisajes. Ya acercándome al parque, subo un puerto muy revirado y bonito. Las primeras curvas son temerosas, las reacciones de la moto son muy diferentes a las de mi moto. Suspensión muy blanda, entrada en curva muy nerviosa, ruedas de offroad. Finalmente, relajo el puño y me limito a subir el puerto.

A poco de la entrada al parque, me paso el desvio hacia Yosemite (las indicaciones en las carreteras americanas, no son el punto fuerte). No me doy cuenta hasta unas 20 millas más adelante. Por suerte, encuentro otro desvío que remedia mi equivocación. Ya en el parque (no pago la entrada de 10$ porque llevo el pase anual de parques nacionales de mi amigo David), me paro en un descampado a comer y a descansar un rato. Nada más sacar el bocadillo, aparece un 4x4 y salen corriendo de su interior 4 yankis con sus cámaras réflex en mano.

Ostras tú, un oso!!!

Los yankis no se cortan un pelo y se acercan al osezno. Debe tener no más de un año, el yanki no, el oso. Yo, por si la madre ronda por el lugar, ni me acerco y le tomo una foto para la posterirdad desde la lejanía. Liquido mi bocadillo con premura, no sea que se me lancen sobre mi mamá osa y su osezno y me marcho raudo y veloz. Sigo subiendo hacia el Thioga Pass (9943 ft /3031 m) entre una maraña de árboles enormes. Podría decir que el paisaje es bonito, pero percibo la enfermedad en los árboles, que según los entendidos es debida a la gran cantidad de coches que circulan por el parque.

El ultimo tramo revirado y de subida se hace eterno a rebufo de coches de época, sin poder pasarlos ya que hay línea continua doble en todo el tramo. No me atrepo a infringir la ley no sea que aparezcan los Hiway Patrol de la nada. Mientras tanto se me revuelve en el estómago el bocadillo. Cosas de la altura y de las emociones.

Por fin, llego a una estación de servicio. Aunque la gasolina es mucho más cara (casa 50 centavos más por galón) no quiero arriesgarme (cuestion de genes, tú) y lleno el depósito. Así también descanso un poco y me mojo la calvorota, a ver si me espabilo del mal de altura y de la presión del casco. Diez minutos más tarde, siento mis posaderas de nuevo en el lomo de la jaca y me dirijo hacia Tioga pass. Recorriendo kilómetros a través de bosques, llego a un lago en el que hay una playa, y GENTE bañándose!!! Están flipados estos americanos.

Una vez traspasado el Thioga pass, que no es más que un letrero en la carretera, encadeno una serie de curvas en una bajada vertiginosa, hacia la vertiente este de Yosemite.

De nuevo en la autopista, caigo que el paisaje ha cambiado, siendo éste mucho más árido. El calor de las 4 de la tarde aprieta y los kilómetros se me hacen eternos. Me sobrepasan varios moteros, todos con Harleys. Algunos saludan. Recorro millas con el trasero ya cuadrado y escocido, hasta llegar a Bishop, ciudad-pueblo medio importante de la zona, que tardo no más de cinco minutos en cruzar. Me percato que entre el cuasi desierto hay islas de zonas verdes, cosa que no acabo de comprender. Me detengo en una gasolinera a repostar, tanto combustible para la nena como para mi. Creo que me he liquidado más de tres litros de agua desde mi partida. Y aún sigo sediento. En la gasolinera, me reciben con un misterioso "How Di". Uff, estoy demasiado cansado para averiguar que significa.

Sin muchas ganas, decido reanudar mi marcha. Todavía quedan 60 millas para mi destino final en Lone Pine. El casco me aprieta una cosa mala. Me duele la cabeza. Ya no disfruto. Por suerte, el sol está cayendo y el calor se hace más soportable. De repente, el sol asoma entre las nubes y la luz vierte su magia sobre las montañas que me acompañan en mi odisea. De inmediato, veo la foto magnífica y me paro en el arcén de la autopísta. Es la excusa para volver a descansar. Saco la Olympus digital y a continuación la maravillosa Hasselblad y me recreo al mirar por el visor de esta joya de la fotografía con la magnifica vista que contemplo.


Y me siento feliz por primera vez, ante la inmensa magnitud, ante tal soledad.

Reanudo la marcha, con el corazón henchido y por unos instantes se me olvidan todos los males que sufre mi cuerpo maltrecho. Una hora después, a eso de las 7 pm, llego a Lone Pine extenuado de cansancio. La espalda le gana por goleada a mi dolorida frente. Hago el "check in" en el motel previamente contratado y me dirijo a comprar algo de comida en el único market del pueblo. En realidad, lo único que me apetece es una cerveza bien fría, cosa que adquiero.

De nuevo en el motel, me recreo con un baño de agua caliente y el posterior disfrute de la rica cerveza fresquita.

Me voy a la cama, que al dia siguiente me levanto a las 6. No quiero cocerme en los 50 grados que hay a las 9 am en Death Valley.

Al final entre despistes y vueltas hacia atras, he hecho 380 millas. Todo eso que me llevo pal cuerpo.