DIA 5: Angeles y Demonios

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DIA 5 LAS VEGAS - BAKERSFIELD (406 millas)

El dia se presentaba más tranquilo que los cuatro anteriores. Por la ruta, casi todo por autopista, y porque mi maltrecha espalda me lo recomendaba a gritos. Así pues, a eso de las 7 me desperté y después de un soberano café americano y medio paquete de galletas que habia comprado cuatro dias atrás en Lone Pine, me monto en la moto y me marcho hacia Los Angeles por la 15. Tenía previsto haber visitado de nuevo el Red Rock Canyon al amanecer, pero de nuevo mi espalda emitió un voto negativo por la propuesta. La 15 transcurre por el gigantesco desierto de Mojave, así que técnicamente lo visito durante aproximadamente dos horas y media de espeso tráfico. Los cactus mojaveños, a pesar de su belleza, no levantan mi instinto fotográfico y sigo absorto durante todo el desierto en la consecución de un único objetivo: que la mujer con el toyota que llevo delante no me amargue la existencia. Y es que la mencionada mujer se empeña en destrozar mi elaborada teoría que todos los americanos conducen bien. La señora se mantiene durante horas por el carril izquierdo a la velocidad constante de 70 millas por hora y los vehículos más rápidos y voluminosos deciden sobrepasarla por mi carril, con el consiguiente vendaval y zarandeo de la jaca y el personaje que la conduce. Es decir, YO. Entrando en California, me encuentro con algo curioso. Una especie de peaje. Ostras! Pero no piden dinero estos tipos, si no que es simplemente una inspección de control de alimentos. Y es que no puedes introducir alimentos en California que no sean autóctonos. Con razón, los calcetines que llevan en la boca son diferentes en Arizona!!!

A la entrada de Barstow, ya en California, estoy reventado de la paliza y paro para repostar. El repostaje, en principio tiene un gran valor simbólico para mi. Durante el viaje he acabado el genial "Las uvas de la ira" de John Steinbeck, libro inspirador de mi odisea por el lejano oeste. Barstow, es una de las ciudades donde se desarrolla la tragedia. Gracias al gran calor reinante y la paliza que me ha pegado la del Toyota, sufro mi propia tragedia en modo "descomposición on". Se me olvida rápido la literatura y quiero salir de allí pitando. Lo siento John, otra vez será. Afortunadamente, me queda poca autopista y en pocas millas, unas 50 aproximadamente, tomo el desvio hacia la 2, la carretera que recorre Los Angeles National Forest. Justo antes de entrar un Hiway Patrol casi me pilla haciendo guarreridas, pero gracias al aviso de una Harley, salgo de mi apoplegía y me doy cuenta a tiempo. Ya en la 2, el paisaje cambia rápidamente al igual que el tiempo. Se hace el invierno de golpe. En una de las paradas para eliminar sobrantes líquidos, aprovecho y me fundo el paraviento. Se sube el puerto por una carretera sinuosa y bien asfaltada. Veo los primeros moteros con sus Rs, sobretodo Yamahas R6s y Hondas CBRs. Me cruzo también con muchas BMWs (son bastante habituales las R1200GS) y Ducatis. Ahora el Team Rs gana por goleada a Harley's Band. De repente, veo un faro en forma de champiñón. Ostras una Kawasaki Versys, y azul. Le dedico con gran pasión unas Vssss al COMPAÑERO DE FATIGAS.

Sigo subiendo y disfrutando. Durante estos cinco días, me he hecho a la moto y pese a mi espalda disfruto el tramo (unas 90 millas de nada) con gran emoción. Llego al final del puerto y empiezo a bajar. El tráfico se hace abundante, cambia el clima y me achicharro al poco de ir detras de las cuatro latas. Por pereza o por pereza, no me quito el paraviento y pierdo una cantidad de agua considerable, en modo sudor. El descenso transcurre entre nuevas advertencias de moteros sobre patrullas de policia y el visionado de la espesa capa de "mierda" que sobrevuela el cielo de Los Angeles. Ay dios, si es peor que una Smoking Room!

En Los Angeles, me paro y me quito por fin el paravientos. Arrg, que corra un poco de aire por favor! Enfilo la Hiway que lleva a Holivú con la intención de visitar el famoso paseo de las estrellas. No sé porque pienso que está en la calle Sunset Boulevard. Por cuestión de falta de neuronas, me paso el desvío y acabo a una eternidad del lugar. Después de preguntar a 319 lugareños, llego a Pueblo, el barrio mexicano, en concreto a una plaza donde hay mercado. No me lo pienso dos veces y me paro y como lo que sería mi primera comida en cinco días. Ala! Y encima me pongo a hablar en castellano con todo dios. Que si qué cerveza es la mejor, que si donde esta el lavabo...

Una vez degustado el plato, menos mal que le dije que no tole
raba el picante que si no, realizo llamada internacional y un forero tiene a bien ayudarme con la callecita de los morros. Y la ganadora es HOLLYWOOD BOULEVARD. Se agradece Sensei. Recorro todo Sunset Boulevard y me doy cuenta de los contrastes tan extremos. Unas casas maravillosas al lado de verdaderas ruínas. Esto es America! De todos modos, lo poco que he visto me gusta. Hay esencia, hay ciudad, hay movida, no como en el resto de ciudades que he visto hasta ahora que me parecen verdaderamente frías. Finalmente, llego a Holliwood Boulevard y me quedo maravillado DE LO CUTRE QUE ES EL PASEO. Bueno, esto me pasa por desconfiado, porque ya me lo habían advertido.

Después
de la foto de rigor, sigo inmerso en el costumbrismo del turista típico y me digo, porqué no? Vamos a hacer la foto típica del letrerito de marras. Lo diviso enseguida en la colina y me dirijo hacia él. Veo carteles continuamente: ESTA CALLE NO LLEVA AL LETRERO. Que narices, no me lo creo! Sigo subiendo y por fin me doy cuenta que no, que está cortado. Vaya. De todos modos transcurro por una calle muy transitada y cada medio segundo se para un coche, bajan cuatro fanáticos de las fotos y le hacen una al letrerito. Me miro, entierro mi decencia donde nadie más pueda verla y saco la cámara. Esta vez, solo será en digital. Lo siento nena.

Son casi las cinco de la tarde y mi deseo de visitar otras zonas nobles de LA se han desvanecido junto con mi decencia. Estoy molido. Me voy para Bakersfield ya casi me quedan dos horas de trayecto. Después de cagarla de nuevo con la autopista que debía coger, deshago el entuerto antes de que cunda el pánico y llego a Bakersfield, después de haber realizado casi 450 millas.

Después del check in y del baño reparador el objetivo primordial era encontrar una cervecita fresca, como no. Como contrapartida tuve que sentir el mal rollo del anochecer en una barriada de Bakersfield. Ya no dormiría tranquilo recordando el consejo navajo:

"deja la moto aparcada en la entrada, por si acaso"

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