DIA 4 KAYENTA - LAS VEGAS (581 MILLAS)
Me despierto a las 06:00 am (hora real) con una pelota en el estómago. El Navajo-Taco ha hecho su efecto. Aún así le vuelvo a dar alegria a mi estómago y desayuno a base de fruta. Le permito una concesión al sr.Colesterol y degusto junto a mi café un excelente Navajo-Mufin de Chocolote. EXXXXCELENT!
Vamos a por faena.
Por suerte la moto sigue intacta frente al hall, aunque le cuesta lo suyo arrancar. Cada día va a peor. Sin más dilaciones, me voy después de repostar que es una jornada maratoniana. La vuelta a Las Vegas la he planeado por la ruta más larga, pasando por Glen Canyon, Dixie National Forest y Bryce Canyon. Todo territorio de Utah. A pesar de hacer 200 millas más,
no quiero volver por el mismo camino.
Llego de nuevo a Monument Valley cuando el sol ya esta bastante alto, pese a ser solo las 07:00 am. Esta vez me toca verlo desde el lado de Utah y aunque el día anterior había hecho bastantes fotos, la gran luz del momento y la nueva perspectiva me obligan a parar y a desenfundar las dos nenas. TOMA SHOTS!
Sigo ruta y cruzo el primer pueblo en el que se supone que debo coger un desvío. Mi memoria se muestra reacia a ayudarme y pienso que la he vuelto a cagar. Finalmente, decido parar antes que el estropicio sea mayor. Según el mapa, me faltan tres millas. Sigo adelante y encuentro finalmente el desvío y enfilo una carretera que parece ir hacia ninguna parte. Bueno, sí, hacia una especie de muro de 1000 metros. No me cruzo con ningún tipo de vehículo y solamente veo letreros que aconsejan a los camiones que lleven carga que den la vuelta. No entiendo, pero seguro que no es nada bueno. Conforme me acerco, pienso que la carretera se abrirá hacia la derecha o hacia la izquierda en cualquier momento. Cuando llego al muro, la carretera se acaba y empieza Alp d'Huez pero en camino de cabras. LA CAGAMOS LUIS!
Bueno, me digo, vamos a probar esas ruedas de OFF road.
La pendiente es máxima y solo es ganada por mi canguelo. No hay guardarrail y a la tercera curva ya se percibe el precipicio. Y yo con estos pelos. El paisaje es espectacular, pero decido aparcarlo por momentos de mi retina. La Kawa se comporta de maravilla, menos mal. Me paro en un recodo en el que mi vértigo no sufre demasiado y decido sacar una foto para el recuerdo.
Orgulloso de no haber manchado mis calzoncillos, sigo camino hasta la cima, ahora ya más confiado. A pocos metros de la cima, hay un Vista Point en el que encuentro a una pareja en una Harley de las pesadas. Creo que estan valorando si bajar o retroceder. Que no os pase nada.

Completada la misión, me dirijo hacia Glen Canyon por una carretera solitaria disfrutando del paisaje, haciendo paradas constantes para fotografiar el maravilloso paisaje. La carretera se hace revirada cuando llego a Glen Canyon, siguiendo el rio sinuoso. El río está seco pero el paraje es de una extraordinaria belleza. No puedo ni imaginar que seria hacer rafting por sus
aguas turbulentas en mayo.
Después de un millar de paradas por disfrute o por necesidad fisiológica, llego a Hanksville sobre las 11:00 y soy recibido por numerosas banderitas americanas. Es el 4 de julio. Toca repostar. Cuando me paro en la gasolinera, pasa una nena americana a caballo con su banderita americana y se le cae a mis pies. La recojo y se la devuelvo. Oh maigot! Espero que no me pase nada! No, no hago foto del momento.
Una vez pasado el mal trago de la bandera, me bebo otro litro de agua y consulto el mapa. El calor ya es extremo y no memorizo debidamente el mapa. A las 20 millas de salir del pueblo, me arrepiento enormemente y debo consultar el mapa porque el desvío que debía tomar hacia el Dixie National Forest no llega. La escala del mapa tampoco es que me ayude mucho y se puede decir que técnicamente estoy perdido. Tampoco se puede decir que nadie me pueda ayudar porque estoy en medio de un desierto de montañas de sal de alucinantes colores. El dilema es volver al pueblo y preguntar o seguir hacia delante y enfrentar a la nubes de unos colores bastante oscuros que tengo justo enfrente. Me armo de tripas corazón y confío en mi instinto, tiro hacia delante rodando y sorteando milagrosamente las nubes tormentosas, a la espera de ese desvio para tomar la Hiway 12.
La carretera se vuelve de nuevo revirada, circulando paralelo a otra especie de cañón donde las paredes son como de barro. Increibles. Desisto de parar para hacer fotos dado el retraso que llevo y que no sé muy bien donde estoy. Llego a la entrada del parque nacional Capitan Reef y me paro. Consulto el mapa que hay en su centro de visitantes y observo que de ahí sale una carretera que bordea todo el parque y que es un "scenic drive". Me lo planteo el tiempo necesario para darme cuenta que la mitad del recorrido es por caminos recomendados para 4x4, unas 60 millas de nada. El mismo mapa me enseña que unas 15 millas hacia adelante se encuentra el desvío de la 12. Justo cuando reinicio mi marcha me pasa una Honda Transalp de color amarillo. La sigo ya que su ritmo es el idoneo para mi. Nuestro idilio dura hasta que me desvio por la 12 hacia el Dixie National Forest. Hasta pronto cumpa.
Hasta ese momento, la lluvia me habia respetado, pero es empezar a subir el puerto y se pone a llover. No me molesta. La carretera me ha engullido y ha acabado con mis temores de rodar en mojado. Me abstraigo tanto en el disfrute de cada curva tomada, del rugido del motor monocilindrico al reducir que no me doy cuenta que voy bastante al límite. El puerto es de una belleza descomunal, con dominio del verde respecto al marron arcilloso que he dejado atras. Qué contrastes.
El paraviento que me he enfundado para resguardarme de la fina lluvia y del frio está llegando a su límite y empiezo a sentirme calado. En una de las curvas, me retiene delante una gran camioneta con una moto de motocross en la parte posterior. Sin duda, el conductor oye el rugido y se aviene delicadamente a dejarme pasar, apartandose a un lado de la carretera. A las dos curvas de pasarlo, se abre una nube e impregna de una luz celestial el paisaje que tengo enfrente. Me quedo prendado ante la foto que hay delante de mi, pero el espejismo dura cinco segundos y cuando doy media vuelta para fotografiarlo, el momento se ha evadido. Que pena, era la foto del millón.
Llegando a la cumbre del puerto las nubes se despejan p
or momentos y el sol seca en 20 millas mi ropaje. Empieza un descenso vertiginoso, en que el paisaje de nuevo cambia de bosque verde a cañón árido, con la salvedad que la carretera transcurre por dos barrancos, uno a cada lado de la carretera. Y eso sin guardarrail. Me acojono vivo y hago caso absoluto a los letreros de 15 millas por hora. No tengo ni narices de pararme a hacer una foto. Pasado lo peor, disfruto durante muchas millas haciendo curvas interesantes de nuevo entre cañones.
Llego por fin a Bryce Canyon, uno de los puntos que quería visitar, pero el retraso que llevo acumulado y la tormenta que me cae encima me deja completamente mojado y desisto de pararme a recorrer esta hermosura. Otra vez será amor. Me dirijo hacia Saint George y me olvido del desvío que debo tomar. Menos mal que me doy cuenta y rectifico a tiempo porque si no me voy a Gran Canyon de nuevo. Casi ya me habia secado cuando a la altura de Kanab me cae otro chaparron. Ya de nuevo en Arizona, su sol me seca en 5 millas. Cuando llego a Saint George con el sol de las 04:00 pm y a tropecientos grados farenheit, me paro en una gasolinera. Una lugareña me ve con la chaqueta motera y empieza a chillar:
- Oh my god! What a warm with this jacket!
Señora, es lo que hay. Y lo que me queda por delante son 120 millas de aburrida autopista hasta Las Vegas. No hay un día que no vea una patrulla de policia parar a alguien por exceso de velocidad y hoy no es la excepción. Modero y llego a Las Vegas y hago el Check in en el motel sin incidencias. Me prometo a mi mismo que no voy a pisar un casino y eso hago. Por contra, me voy a buscar un par de cervezas a una gasolinera y descubro una zona muy degradada, con gente mal viviendo en verdaderas chabolas. El ambiente se enrarece y me coge el canguelo y me vuelvo rápidamente al hotel. Eso sí que era Las Vegas.
Al final, he hecho 630 millas y estoy reventado. Pero he disfrutado como un enano.
Vamos a por faena.
Por suerte la moto sigue intacta frente al hall, aunque le cuesta lo suyo arrancar. Cada día va a peor. Sin más dilaciones, me voy después de repostar que es una jornada maratoniana. La vuelta a Las Vegas la he planeado por la ruta más larga, pasando por Glen Canyon, Dixie National Forest y Bryce Canyon. Todo territorio de Utah. A pesar de hacer 200 millas más,
no quiero volver por el mismo camino.Llego de nuevo a Monument Valley cuando el sol ya esta bastante alto, pese a ser solo las 07:00 am. Esta vez me toca verlo desde el lado de Utah y aunque el día anterior había hecho bastantes fotos, la gran luz del momento y la nueva perspectiva me obligan a parar y a desenfundar las dos nenas. TOMA SHOTS!
Sigo ruta y cruzo el primer pueblo en el que se supone que debo coger un desvío. Mi memoria se muestra reacia a ayudarme y pienso que la he vuelto a cagar. Finalmente, decido parar antes que el estropicio sea mayor. Según el mapa, me faltan tres millas. Sigo adelante y encuentro finalmente el desvío y enfilo una carretera que parece ir hacia ninguna parte. Bueno, sí, hacia una especie de muro de 1000 metros. No me cruzo con ningún tipo de vehículo y solamente veo letreros que aconsejan a los camiones que lleven carga que den la vuelta. No entiendo, pero seguro que no es nada bueno. Conforme me acerco, pienso que la carretera se abrirá hacia la derecha o hacia la izquierda en cualquier momento. Cuando llego al muro, la carretera se acaba y empieza Alp d'Huez pero en camino de cabras. LA CAGAMOS LUIS!
Bueno, me digo, vamos a probar esas ruedas de OFF road.
La pendiente es máxima y solo es ganada por mi canguelo. No hay guardarrail y a la tercera curva ya se percibe el precipicio. Y yo con estos pelos. El paisaje es espectacular, pero decido aparcarlo por momentos de mi retina. La Kawa se comporta de maravilla, menos mal. Me paro en un recodo en el que mi vértigo no sufre demasiado y decido sacar una foto para el recuerdo.Orgulloso de no haber manchado mis calzoncillos, sigo camino hasta la cima, ahora ya más confiado. A pocos metros de la cima, hay un Vista Point en el que encuentro a una pareja en una Harley de las pesadas. Creo que estan valorando si bajar o retroceder. Que no os pase nada.

Completada la misión, me dirijo hacia Glen Canyon por una carretera solitaria disfrutando del paisaje, haciendo paradas constantes para fotografiar el maravilloso paisaje. La carretera se hace revirada cuando llego a Glen Canyon, siguiendo el rio sinuoso. El río está seco pero el paraje es de una extraordinaria belleza. No puedo ni imaginar que seria hacer rafting por sus
aguas turbulentas en mayo.Después de un millar de paradas por disfrute o por necesidad fisiológica, llego a Hanksville sobre las 11:00 y soy recibido por numerosas banderitas americanas. Es el 4 de julio. Toca repostar. Cuando me paro en la gasolinera, pasa una nena americana a caballo con su banderita americana y se le cae a mis pies. La recojo y se la devuelvo. Oh maigot! Espero que no me pase nada! No, no hago foto del momento.
Una vez pasado el mal trago de la bandera, me bebo otro litro de agua y consulto el mapa. El calor ya es extremo y no memorizo debidamente el mapa. A las 20 millas de salir del pueblo, me arrepiento enormemente y debo consultar el mapa porque el desvío que debía tomar hacia el Dixie National Forest no llega. La escala del mapa tampoco es que me ayude mucho y se puede decir que técnicamente estoy perdido. Tampoco se puede decir que nadie me pueda ayudar porque estoy en medio de un desierto de montañas de sal de alucinantes colores. El dilema es volver al pueblo y preguntar o seguir hacia delante y enfrentar a la nubes de unos colores bastante oscuros que tengo justo enfrente. Me armo de tripas corazón y confío en mi instinto, tiro hacia delante rodando y sorteando milagrosamente las nubes tormentosas, a la espera de ese desvio para tomar la Hiway 12.
La carretera se vuelve de nuevo revirada, circulando paralelo a otra especie de cañón donde las paredes son como de barro. Increibles. Desisto de parar para hacer fotos dado el retraso que llevo y que no sé muy bien donde estoy. Llego a la entrada del parque nacional Capitan Reef y me paro. Consulto el mapa que hay en su centro de visitantes y observo que de ahí sale una carretera que bordea todo el parque y que es un "scenic drive". Me lo planteo el tiempo necesario para darme cuenta que la mitad del recorrido es por caminos recomendados para 4x4, unas 60 millas de nada. El mismo mapa me enseña que unas 15 millas hacia adelante se encuentra el desvío de la 12. Justo cuando reinicio mi marcha me pasa una Honda Transalp de color amarillo. La sigo ya que su ritmo es el idoneo para mi. Nuestro idilio dura hasta que me desvio por la 12 hacia el Dixie National Forest. Hasta pronto cumpa.
Hasta ese momento, la lluvia me habia respetado, pero es empezar a subir el puerto y se pone a llover. No me molesta. La carretera me ha engullido y ha acabado con mis temores de rodar en mojado. Me abstraigo tanto en el disfrute de cada curva tomada, del rugido del motor monocilindrico al reducir que no me doy cuenta que voy bastante al límite. El puerto es de una belleza descomunal, con dominio del verde respecto al marron arcilloso que he dejado atras. Qué contrastes.
El paraviento que me he enfundado para resguardarme de la fina lluvia y del frio está llegando a su límite y empiezo a sentirme calado. En una de las curvas, me retiene delante una gran camioneta con una moto de motocross en la parte posterior. Sin duda, el conductor oye el rugido y se aviene delicadamente a dejarme pasar, apartandose a un lado de la carretera. A las dos curvas de pasarlo, se abre una nube e impregna de una luz celestial el paisaje que tengo enfrente. Me quedo prendado ante la foto que hay delante de mi, pero el espejismo dura cinco segundos y cuando doy media vuelta para fotografiarlo, el momento se ha evadido. Que pena, era la foto del millón.
Llegando a la cumbre del puerto las nubes se despejan p
or momentos y el sol seca en 20 millas mi ropaje. Empieza un descenso vertiginoso, en que el paisaje de nuevo cambia de bosque verde a cañón árido, con la salvedad que la carretera transcurre por dos barrancos, uno a cada lado de la carretera. Y eso sin guardarrail. Me acojono vivo y hago caso absoluto a los letreros de 15 millas por hora. No tengo ni narices de pararme a hacer una foto. Pasado lo peor, disfruto durante muchas millas haciendo curvas interesantes de nuevo entre cañones.Llego por fin a Bryce Canyon, uno de los puntos que quería visitar, pero el retraso que llevo acumulado y la tormenta que me cae encima me deja completamente mojado y desisto de pararme a recorrer esta hermosura. Otra vez será amor. Me dirijo hacia Saint George y me olvido del desvío que debo tomar. Menos mal que me doy cuenta y rectifico a tiempo porque si no me voy a Gran Canyon de nuevo. Casi ya me habia secado cuando a la altura de Kanab me cae otro chaparron. Ya de nuevo en Arizona, su sol me seca en 5 millas. Cuando llego a Saint George con el sol de las 04:00 pm y a tropecientos grados farenheit, me paro en una gasolinera. Una lugareña me ve con la chaqueta motera y empieza a chillar:
- Oh my god! What a warm with this jacket!
Señora, es lo que hay. Y lo que me queda por delante son 120 millas de aburrida autopista hasta Las Vegas. No hay un día que no vea una patrulla de policia parar a alguien por exceso de velocidad y hoy no es la excepción. Modero y llego a Las Vegas y hago el Check in en el motel sin incidencias. Me prometo a mi mismo que no voy a pisar un casino y eso hago. Por contra, me voy a buscar un par de cervezas a una gasolinera y descubro una zona muy degradada, con gente mal viviendo en verdaderas chabolas. El ambiente se enrarece y me coge el canguelo y me vuelvo rápidamente al hotel. Eso sí que era Las Vegas.
Al final, he hecho 630 millas y estoy reventado. Pero he disfrutado como un enano.
Día siguiente: DIA 5 Ángeles y Demonios
No hay comentarios:
Publicar un comentario