DIA 1: El inicio de la aventura


Me despierto con un constipado de la muerte y una tos que me desencaja. Como de costumbre, San Francisco nos deleita con una niebla perpetua y fo. Pero ni el frÍo ni esta tos van a frustar mi sueño de viajar por el Far West. Sylvia, mi anfitriona, me prepara un brebaje muy caliente de ron, limón y miel y me lo bebo de un tirón. Me sienta de maravilla. Ya soy otro hombre. Me enfundo una bufanda en el cuello y una camiseta manga corta, camiseta manga larga, polar, chaqueta motera y paravientos. En la parte inferior, dos pantalones. Y es que oye, estoy pachucho.

Ya estoy listo.

Ya en la calle, David, mi otro anfitrión y traductor oficial, me aconseja que vuelva a buscar el casco. Buena apreciación, chaval.

En la tienda de motos, nos recibe Andy, un cuarentón venido a cincuentón y con varias tallas de más. La Hayabussa aparcada enfrente de la tienda es suya. No le pega ni en pintura. Pero esto es AMERICA, doc! Formalizamos el contrato de alquiler: 688 dolares para su saca. Me muestra lo que será mi fiel compañera de viaje durante los siguientes seis días. Kawasaki KLR650, monocilíndrica, con tres maletas, paramanos y pantalla protectora algo escasa. Hola nena, encantado de conocerte.

Lleno las tres maletas con mis enseres esenciales para el viaje, que incluyen un poco de ropa y dos cámaras fotográficas, una réflex digital y una Hasselblad analógica. Y es que soy un pirado de la fotografía, que le voy a hacer.

Atiendo a las indicaciones que me da Andy sobre el funcionamiento de la moto y a quién me debo dirigir en caso de avería. Mi amigo David, hace las veces de traductor, menos mal. A partir de este momento, estoy solo ante el peligro.

Enciendo la nena, escucho su rugido celestial y me despido de David dándole un abrazo tipo oso. Empieza el derroche de emociones. Empieza la aventura.


DIA 1 SAN FRANCISCO - LONE PINE
(357 millas)


El plan era salir de San Francisco por el puente de Oakland y tomar la autopista hasta Manteca. De ahí, tomar la carretera que va a Yosemite (uno de los parques nacionales más visitados de EEUU), cruzar el parque por su carretera sinuosa hasta el Thioga Pass y enlazar, una vez acabado el parque, con la autopista que va hacia Lone Pine, población situada a los pies del Death Valley, uno de mis primeros retos.

No me hacía demasiada gracia hacer tanta autopista, y menos siendo las autopistas americanas, que son de lo más aburridas y que no puedes correr (a la que te pasas, te aparece un Hiway Patrol y te la enchufa). Pero no había otro remedio. California, y la zona de San Francisco están plagadas de autopistas que la recorren y pocas carreteras.

Este era el plan.

Enciendo la moto y me dirijo al cercano acceso al puente de Oakland que cruza la bahía. Los primeros minutos son un poco raros. Es una moto muy parecida a la que utilizo habitualmente (Kawasaki Versys 650), pero me resulta un tanto nerviosa. En el primer semáforo que me paro, me olvido que llevo maletas laterales y le doy un golpecito con la pierna derecha a una de ellas al arrancar. A 50 metros para entrar al acceso al puente de Oakland, un furgonetero me pita y me señala algo de la parte posterior de la moto. Giro el cuello y me doy cuenta que los anclajes de la maleta están sueltos y la maleta está suspendida en el aire. JODER!

Me paro en el arcén antes de entrar en el puente e intento arreglar lo inarreglable. Se han soltado los tornillos que estaban soldados al anclaje. Me da un apretón, y con el casco puesto maldigo a todas las personas malas que me ponen trabas. Acto seguido, me calmo y decido llamar por teléfono a mi colega. Para colmo no hay cobertura y debo espabilarme. Decido confiar en que mi instinto me guiará de nuevo hasta la tienda de motos.

Mi instinto se comporta como un campeón y ya de nuevo en la tienda, los empleados se percatan del "drama" y se dedican prestos a solucionarme el problema, aunque de una manera un tanto chapucera. Anyway, parece que la cosa funciona y me pongo un poco pelmazo y les "sugiero" que me refuercen también todos los anclajes de la maleta izquierda. Por si acaso. Contacto con David y le explico que ya está solucionado el problema. Me dice que mi cuota de mala suerte se ha acabado. En realidad, ha sido una suerte que haya pasado a 2 millas del taller.

Sin más percances, pero con la inseguridad en el cuerpo, me dirijo de nuevo hacia Oakland y de ahí a Manteca por "la autopista aburrida". Los primeros kilómetros de autopista no hacen si no confirmar la primera sensación que tuve al subirme a la moto. El viento se lanza fiero sobre mi y zarandea a la nena por todo el carril. Ufff, va a ser duro.

Aproximadamente 70 millas después, o lo que es lo mismo una hora de aburrida autopista, y después de haber visto numerosos carteles de advertencia de no sobrepasar el límite de velocidad (la frase "speed enhanced by aircraft" se me grabará en la memoria), desembarco de la autopista en Manteca, y voy derechito a la primera estación de servicio que me encuentro. Ninguna de las tres targetas me funciona en el surtidor automático y me sale un mensaje que dice "See the cashier". Ya empezamos.

Entro en la tienda e interactuo con el primer parroquiano. Bueno, o similar, es hindú.

Me dirijo a el en mi inglés macarrónico

- I want to fill the tank

Lo que me responde el parroquiano es una retahila de palabras con la entonación típica del oeste americano (como si tuviera un calcetín o un zapato metido dentro de la boca). Al final, logro entenderle y hacerme entender, no sin hacerle cambiar la cara un par de veces al hindú. Me dice que descuelgue el surtidor y que llene. Pero la cosa se complica. Meto el surtidor en el deposito y la presión de mi dedo sobre el gatillo no da ningún resultado. Se lo hago saber desde la distancia. Finalmente, harto, sale de su cubículo y me muestra como se introduce el líquido elemento en el depósito. Resulta que algunos surtidores tienen una especie de cubierta de caucho de seguridad que si no presionas el surtidor sobre el tanque, no hace el vacio y no dispensa gasolina. Vaya.

Una vez llenado el depósito, sin más peripecias que contar, y desprendidas las 4 capas de ropa que llevaba encima (me quedo sólo con dos y la bufanda) tomo la carretera hacia Yosemite. Muy recta, sin grandes alicientes ni grandes paisajes. Ya acercándome al parque, subo un puerto muy revirado y bonito. Las primeras curvas son temerosas, las reacciones de la moto son muy diferentes a las de mi moto. Suspensión muy blanda, entrada en curva muy nerviosa, ruedas de offroad. Finalmente, relajo el puño y me limito a subir el puerto.

A poco de la entrada al parque, me paso el desvio hacia Yosemite (las indicaciones en las carreteras americanas, no son el punto fuerte). No me doy cuenta hasta unas 20 millas más adelante. Por suerte, encuentro otro desvío que remedia mi equivocación. Ya en el parque (no pago la entrada de 10$ porque llevo el pase anual de parques nacionales de mi amigo David), me paro en un descampado a comer y a descansar un rato. Nada más sacar el bocadillo, aparece un 4x4 y salen corriendo de su interior 4 yankis con sus cámaras réflex en mano.

Ostras tú, un oso!!!

Los yankis no se cortan un pelo y se acercan al osezno. Debe tener no más de un año, el yanki no, el oso. Yo, por si la madre ronda por el lugar, ni me acerco y le tomo una foto para la posterirdad desde la lejanía. Liquido mi bocadillo con premura, no sea que se me lancen sobre mi mamá osa y su osezno y me marcho raudo y veloz. Sigo subiendo hacia el Thioga Pass (9943 ft /3031 m) entre una maraña de árboles enormes. Podría decir que el paisaje es bonito, pero percibo la enfermedad en los árboles, que según los entendidos es debida a la gran cantidad de coches que circulan por el parque.

El ultimo tramo revirado y de subida se hace eterno a rebufo de coches de época, sin poder pasarlos ya que hay línea continua doble en todo el tramo. No me atrepo a infringir la ley no sea que aparezcan los Hiway Patrol de la nada. Mientras tanto se me revuelve en el estómago el bocadillo. Cosas de la altura y de las emociones.

Por fin, llego a una estación de servicio. Aunque la gasolina es mucho más cara (casa 50 centavos más por galón) no quiero arriesgarme (cuestion de genes, tú) y lleno el depósito. Así también descanso un poco y me mojo la calvorota, a ver si me espabilo del mal de altura y de la presión del casco. Diez minutos más tarde, siento mis posaderas de nuevo en el lomo de la jaca y me dirijo hacia Tioga pass. Recorriendo kilómetros a través de bosques, llego a un lago en el que hay una playa, y GENTE bañándose!!! Están flipados estos americanos.

Una vez traspasado el Thioga pass, que no es más que un letrero en la carretera, encadeno una serie de curvas en una bajada vertiginosa, hacia la vertiente este de Yosemite.

De nuevo en la autopista, caigo que el paisaje ha cambiado, siendo éste mucho más árido. El calor de las 4 de la tarde aprieta y los kilómetros se me hacen eternos. Me sobrepasan varios moteros, todos con Harleys. Algunos saludan. Recorro millas con el trasero ya cuadrado y escocido, hasta llegar a Bishop, ciudad-pueblo medio importante de la zona, que tardo no más de cinco minutos en cruzar. Me percato que entre el cuasi desierto hay islas de zonas verdes, cosa que no acabo de comprender. Me detengo en una gasolinera a repostar, tanto combustible para la nena como para mi. Creo que me he liquidado más de tres litros de agua desde mi partida. Y aún sigo sediento. En la gasolinera, me reciben con un misterioso "How Di". Uff, estoy demasiado cansado para averiguar que significa.

Sin muchas ganas, decido reanudar mi marcha. Todavía quedan 60 millas para mi destino final en Lone Pine. El casco me aprieta una cosa mala. Me duele la cabeza. Ya no disfruto. Por suerte, el sol está cayendo y el calor se hace más soportable. De repente, el sol asoma entre las nubes y la luz vierte su magia sobre las montañas que me acompañan en mi odisea. De inmediato, veo la foto magnífica y me paro en el arcén de la autopísta. Es la excusa para volver a descansar. Saco la Olympus digital y a continuación la maravillosa Hasselblad y me recreo al mirar por el visor de esta joya de la fotografía con la magnifica vista que contemplo.


Y me siento feliz por primera vez, ante la inmensa magnitud, ante tal soledad.

Reanudo la marcha, con el corazón henchido y por unos instantes se me olvidan todos los males que sufre mi cuerpo maltrecho. Una hora después, a eso de las 7 pm, llego a Lone Pine extenuado de cansancio. La espalda le gana por goleada a mi dolorida frente. Hago el "check in" en el motel previamente contratado y me dirijo a comprar algo de comida en el único market del pueblo. En realidad, lo único que me apetece es una cerveza bien fría, cosa que adquiero.

De nuevo en el motel, me recreo con un baño de agua caliente y el posterior disfrute de la rica cerveza fresquita.

Me voy a la cama, que al dia siguiente me levanto a las 6. No quiero cocerme en los 50 grados que hay a las 9 am en Death Valley.

Al final entre despistes y vueltas hacia atras, he hecho 380 millas. Todo eso que me llevo pal cuerpo.

4 comentarios:

  1. Hola David!!!, lei atentamente tu odisea motorizada y realmente fue increibleeeeeee...
    me gusta mucho tu capacidad para el relato, es muy bueno acompañar las imagenes con texto, a mi me cuesta un monton pero a ti se te da muy bien!!!!!!

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  2. gracias Maria Elena por tu comentario. Me alegra que te guste. Espero haber transmitido las sensaciones que pasaron por mi durante el viaje. Gracias de nuevo.

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  3. cielo eres brillante en todo lo que te propones..y ya sabes que lo q primero me llamo la atención de ti fue tu capacidad para escribir....
    mE SIENTO ORGULLOSA de ti
    Te amo!!!!!!!

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