Dia anterior: DIA 1 El inicio de la aventura
Me levanto a las 6 de la mañana, asumiendo que ya voy tarde. Lo sé, las prisas no son nunca buenas consejeras, pero Death Valley manda. Por algo, death quiere decir MUERTE. Y es que debido a las condiciones metereológicas tan severas (según la prevision rondarán los 50 grados) poca cosa viviente puede sobrevivir a esas condiciones.
Por tanto, me preparo un cafe (?? por decirlo de alguna manera) en la misma habitación mientras me ducho, y me marcho pitando. A partir de este momento, la ruta se convierte en una partida contrarreloj entre el sol y mi cuerpo sediento.
En las primeras millas, aún con el alba, la temperatura es agradable, pero es un mero espejismo de lo que me encontraré más adelante. Me lo pienso mucho a la hora de parar a hacer una foto, ya que eso retrasará mi odisea y alargará mi penitencia. Las primeras 80 millas transcurren entre curvas cerradas observadas por los únicos seres vivientes, los cactus erectus, mientras me escurro el cerébro de cómo lo debían hacer los actores de esos westerns famosos rodados aquí, en este infierno. A las 8 am, el sol ya calienta de lo lindo y mis carnes ya empiezan a sufrir el calor extremo. La primera parada es para repostar, se hace en tiempo de formula 1. Al ver el cartel de que en unas 59 millas no hay mas surtidores me acongoja.
En las primeras millas, aún con el alba, la temperatura es agradable, pero es un mero espejismo de lo que me encontraré más adelante. Me lo pienso mucho a la hora de parar a hacer una foto, ya que eso retrasará mi odisea y alargará mi penitencia. Las primeras 80 millas transcurren entre curvas cerradas observadas por los únicos seres vivientes, los cactus erectus, mientras me escurro el cerébro de cómo lo debían hacer los actores de esos westerns famosos rodados aquí, en este infierno. A las 8 am, el sol ya calienta de lo lindo y mis carnes ya empiezan a sufrir el calor extremo. La primera parada es para repostar, se hace en tiempo de formula 1. Al ver el cartel de que en unas 59 millas no hay mas surtidores me acongoja. Conforme me dirijo al centro del infierno, dicese de la zona donde esta por debajo del nivel del mar y donde nada crece, me alivia el hecho de ver que unas nubes van a hacer mas llevadera mi travesía. De lleno en el nubarrón, me permito pararme a deleitarme del paisaje yermo y contemplar la osadía de vivir en este lugar. Porque sí, vive gente. Hay un poblado, Furnace Creek, en el mismo Death Valley, establecido en una especie de oasis. No acabo de entender muy bien como logran obtener agua.
En cualquier caso, seguro que este no sera el lugar favorito para mi retiro. He pasado la prueba, bueno, todavia no, pero ya ha pasado lo peor. Y por eso me permito sacar a mi querida Hasselblad en varias ocasiones para inmortalizar el momento de la osadía. Ahora me doy cuenta, que soy el tio más afortunado del mundo por poder estar aqui. Y es que las emociones fluyen como remolinos en mi interior, magnificadas por la situación limite que he superado. Soy un pajaro. Soy libre.
Sigo adelante devorando kilómetros, o en este caso millas, y a la salida del parque nacional, me encuentro con una, por decirlo de alguna manera, ciudad, Pahrum, donde reposto combustible y observo el comportamiento de la fauna autóctona. Grandes seres, que toman grandes brebajes y conducen grandes vehículos. Superado el shock, tomo la hiway hacia Las Vegas una vez he engullido la enésima botella del déa. Pasadas 60 millas, el hambre me aprieta y me paro en un recodo de la Hiway. Me zampo un bocadillo que me preparo allí mismo. Con un par.
Llegando a Las Vegas, topo de bruces con el Red Rock Canyon, y aunque no tenía en mi mente pararme a visitarlo, el espectáculo que observo hace que cambie de decisión. Y es que en la carretera, así son las cosas. El espectáculo es maravilloso y pese al calor que ya casi es fuego, disfruto como un enano de la visión. Y es que este hermano pequeño del Gran Canyon, no tiene nada que envidiarle a su hermano grande. Es coqueto, pero matón. El amanecer debe ser increible, y me lo planteo para cuando haga noche en Las Vegas. Ahora, el calor me avisa que debo moverme y me dirijo sin más dilación a Las Vegas, la ciudad del juego.
Una vez allí, entro por una gran avenida con semáforos, de unas 12 millas (???). Que pesadez, por dios. Me cansa una barbaridad, y menos mal que vuelve a estar nublado. Una lugareña, también hindú, se me pone en paralelo con su vehículo y me empieza a despotricar diciendo que sé yo! Finalmente, entiendo lo que dice:
- You signal! You signal!
Miro mi cuadro de mandos y veo consternado que llevo el intermitente puesto. Y que lo debia llevar puesto bastante rato. Y esta mujer, hindú ella, pues se creyo que yo iba a girar y estaba indignada porque no la hacía, asi que decidió hacermelo saber.
Me repongo del rapapolvo parando en la primera estación de servicio para repostar líquido elemento, en ambos motores, en el de la nena y en el mío. Finalmente, aunque el sopor y el bochorno me tiran para atras me meto de lleno en Las Vegas Boulevard y observo, con asco, el panorama degradante. Edificios esperpenticos, uno detrás de otro. A cual más obsceno. Tenía claro que no era el tipo de ciudad que me apasionaría, pero la bofetada ha sido tremenda. La nena, entendiendo mi reaccion, me apoya y se calienta también por el bochorno y por las continuas paradas del atasco de tráfico. Finalmente, paramos en el aparcamiento de un hotel, en una zona con rayas blancas oblícuas, y entro para darle una segunda oportunidad al entorno. Desde el primer momento, constato que no es mi sitio. La gente me mira y se da cuenta. Sienten que estoy perdido. Aborrezco todo lo que hay, los comercios, el casino, los bares, la gente. Me siento en un banco a descansar y a esperar a ver si pasa algo. No pasa nada y finalmente me despido de ese lugar, para mi demencial.
El jarro de agua fria sigue en el exterior cuando me acerco a la nena y veo que tengo un aviso de multa por aparcar en una zona indebida. PERO BUENO, esto no eran rayas para aparcar motos!! Se ve que no. Contengo mi cabreo, no quiero que enturbie el resto del día. Me monto en la jaca y me voy para mi destino Kingsman, puerta de entrada a la mitica ruta 66. La enervación que llevo dentro me despista y a pesar de haberme mirado el mapa, no recuerdo las salidas que debo tomar. Me equivoco y me dirijo por la 15 hacia Los Angeles. Antes que me dé cuenta ya he recorrido unas 15 millas. Y lo malo, es que no hay sálidas en 10 millas. El error me mata y me maldigo mil veces, gritándome e insultándome en el interior de mi casco martirizador. Localizo una salida, paro y, ahora sí, me estudio bien el mapa. Encuentro un atajo que tomo. Craso error. Me meto en una especie de avenida muy transitada y con grandes retenciones. También hay obras. Me aso en el atasco. Me vuelvo a maldecir. Finalmente, salgo de Las Vegas con un sabor amargo entre los dientes, pero liberado por alejarme.
La autopista que lleva a Kingsman, la 93, no es tal. Está en construccion. Otro punto negro. Todavía no he recorrido una carretera que no pusiera el maldito letrero de en construccion. Me retraso mínimo una hora. Para colmo, hay una especie de puente faraónico en construcción al paso de una presa, que es reclamo de turistas y todos los coches se paran para tomar una foto. Arrrgggg. Por fin, se acaban las obras y puedo estrujar la oreja. El famoso "Speed enhaced by aircraft" vuelve a contenerme. Ya llegando a Kingsman, me vuelvo a equivocar y salgo por la salida destinada al pesaje de camiones. PATAN!
Al llegar a Kingsman, ya anocheciendo, paro en una gasolinera para repostar. A la salida conincido con un paisano de dos ruedas. Se me queda mirando alucinado y me dice algo asi:
- Naissbaeik! (onomatopeya de Nice Bike! expresada con calcetin en la boca)
No lo pillo. Me lo repite y al final me doy cuenta que su jaca es tambien una Kawasaki KLR! Ja, tío, You too!
Finalizado el contacto con la fauna local, busco el motel que había reservado (Motel6) y lo encuentro a la primera. Eso pensaba. Resulta que hay otro a la salida del pueblo (el mío). Las indicaciones que me proporciona la encargada no son de mi agrado y le hago dibujar un mapa, después de preguntarle cuatro veces por el recorrido que debo tomar. Accede muy a su pesar y encarrilo mi última rodada del dia por la autopista que rodea a Kingsman. Cuando por fin llego a mi verdadero hogar, lo primero que hago, es buscar un market y me compro la birra de rigor, la cual me bebo tomándome un buen baño reconfortante.
Al llegar a Kingsman, ya anocheciendo, paro en una gasolinera para repostar. A la salida conincido con un paisano de dos ruedas. Se me queda mirando alucinado y me dice algo asi:
- Naissbaeik! (onomatopeya de Nice Bike! expresada con calcetin en la boca)
No lo pillo. Me lo repite y al final me doy cuenta que su jaca es tambien una Kawasaki KLR! Ja, tío, You too!
Finalizado el contacto con la fauna local, busco el motel que había reservado (Motel6) y lo encuentro a la primera. Eso pensaba. Resulta que hay otro a la salida del pueblo (el mío). Las indicaciones que me proporciona la encargada no son de mi agrado y le hago dibujar un mapa, después de preguntarle cuatro veces por el recorrido que debo tomar. Accede muy a su pesar y encarrilo mi última rodada del dia por la autopista que rodea a Kingsman. Cuando por fin llego a mi verdadero hogar, lo primero que hago, es buscar un market y me compro la birra de rigor, la cual me bebo tomándome un buen baño reconfortante.
Al final han sido 375 millas y el trasero cuadrado de nuevo.
Dia siguiente: DIA 3 Gran Canyon y Monument Valley


Quiero que hagas un libro de cronicas! hay que encontrar el momento!
ResponderEliminarTE QUIERO!!!!!!!!